domingo, 5 de febrero de 2017

Abre los ojos

Sigo pensando a menudo en sus ojos. Aquellos ojos de abismo, oscuros e insondables. Me he preguntado muchas veces si todos los bebés tendrán esos ojos, esa mirada que no mira a ninguna parte, estática y profunda.
Durante el día se difuminaba en un juego de luces y colores. Sus ojos se tornaban grises, a veces casi azules, luminosos. A medida que caía la tarde se oscurecían, pero por la noche eran negros, tanto que la pupila y el iris se fundían y parecían dos canicas negras en mitad de su cara. Me di cuenta la primera noche en casa, cuando se despertó de madrugada y me la llevé al sofá. Me senté con ella en brazos y nos miramos. Creo que esa fue la primera vez que nos miramos. Ella no lloraba. Yo tampoco. Nos mirábamos, aunque ella no me veía. Yo no sabía que los bebés no veían con nitidez hasta pasadas unas semanas pero me lo dijo mi madre antes de que Anaïs naciera. 
Recuerdo que pensé que daba casi miedo una mirada así. Nunca he vuelto a ver unos ojos tan negros, tan hondos. Infinitos.Y pienso en si será esa la única mirada limpia y verdadera que poseemos. Esa que dura tan poco porque en cuanto empezamos a ver y en cuanto entendemos que otro nos ve, hacemos un esfuerzo titánico por recubrir ese abismo.

lunes, 30 de enero de 2017

Palabras 2016

Embrión - blastocisto - transferencia - negativo - baja - ecografía - ventriculomegalia - Vall d'Hebrón - Asir Granollers - Quirón - Diagnóstico fetal - resonancia - neurosonografía - cardiografía - Barcelona -  miedo - fe - confianza - instituto - yoga - Texas - supervisor - adjunta - encargada.

jueves, 26 de enero de 2017

¿Cómo estás?

Estoy bien.
Vivo. Me río todos los días, incluso los días jodidos. Trabajo en un sitio que me gusta con personas que me gustan. Lo que no me convence son algunas reglas, algunas imposiciones. Y las formas. La ineptitud de los que están por arriba y se creen por encima del resto. Puede que sea la única que se cague en la chapa que pone mi nombre y mi cargo. Ya lo he hecho. Defecto con regularidad. Mi nivel de hemoglobina se mantiene estable. Me duele muy poco la cabeza. Paseo bastante. Mantengo mis articulaciones en funcionamiento y sin avería por ahora. Hago un curso de nutrición en Barcelona, lo cual, me aporta tres cosas: paseos en tren, aprender a comer mejor para vivir mejor, y disfrutar de la ciudad a horas en las no solía pisarla. Estoy a punto de ser madre de nuevo. Un niño con nombre de pájaro que me compartirá con la niña con nombre de escritora. Tengo una familia. Amo. Leo. Escribo. Por este orden. Mantengo un círculo social reducido pero sólido. Miro las luces de los aviones todas las  noches. 
El diagnóstico final es de razonable salud mental y física, pero solo si estamos dispuestos a llegar a un acuerdo, claro. 
En realidad deberíamos decir toda esta mierda cuando nos preguntan ¿Qué tal estás, eh?
Somos muy sosos todos. "Bien". Bien está mi gato porque no se está muriendo y otra cosa no puede decirme y tampoco hace falta que me lo diga porque ya lo veo yo. Nosotros podemos decir más cosas.

lunes, 23 de enero de 2017

Perder un cuerpo el equilibrio

Mi amiga L. ha tomado una decisión: acortar el sufrimiento de su madre. No más morfina, no más vías, no más intoxicación de medicamentos, no más resistencia. Cree que caerá de un modo ligero, puede que en 15 días, no muchos más.
Le da miedo el después. ¿Qué es el después? le pregunto. La culpa.
No conozco un acto de amor semejante. 
Es curiosa la vida. Nunca imaginé que podríamos coincidir en el tiempo, así. Su peor momento frente a mi mejor momento. Una vida por otra. 15 días. Justo. Su madre muere/mi hijo nace.
A pesar de todo, el mundo seguirá impasible, ignorándonos, continuando con sus rutinas establecidas: la gente comprará el pan y hablará del tiempo, los niños entrarán al colegio después de la sirena, el cielo se cubrirá de nubes y se abrirán algunos paraguas, alguien correrá porque llega tarde, un gato cruzará la calle y se esconderá debajo de un coche, sonará un teléfono, se besarán en el portal, bajarán una persiana. Nadie sabrá de su pena. Nadie de mi alegría.