lunes, 12 de junio de 2017

LOS CINCO

Mal de muchos consuelo de tontos. Pues sí, efectivamente, soy una tonta consolada. Desde el sábado que no me quito de la cabeza una serie de imágenes que pasan por mi mente a modo de trailer de comedia serie B. Sigo ojiplática.
Y yo me quejaba. La puta.
Diego y Carol y sus tres niños. Oliver tiene 6 años y tiene hiperactividad no diagnosticada pero yo estoy SEGURA de que la tiene. Es como una peonza a eléctrica. La cosa más expansiva que han visto mis ojos. Y yo le gusto. Sí. Le molo. Me busca CONSTANTEMENTE para jugar a: cartas, spiners de esos voladores, pelota en todas sus versiones/utilidades, cromos, tres en raya y como no, para leerle cuentos. Todos. Uno-detrás-de-otro. 
Quimi y Bianca tienen 15 meses. Mellizos. Como dos Oliver's pero en mini.
Carol y Diego son argentinos, aterrizaron en Catalunya desde la Patagonia. Jóvenes, atractivos, muy alternativos ambos, festivaleros, viajeros y con pasta. No querían hijos. Pues tres tazas llenas hasta el filico. Ojo.
Oliver de rebote. Y después, buscaron un hermanito para que no se sintiera solo. Vaya, vaya. Solo no creo que se sienta. Mellizos. A los 42 tacos.
Se acabó en running, el Primavera Sound y la vida en general tal y como la conocían.
Duermen 4 horas desde hace nisesabe. Los mellizos no comen, no duermen y se pelean todo el día. Solo quieren estar colgados de la madre y a ratos, del padre. El apartamento es una pasada, está en mitad del Born, te peinas de lado nada más verlo,pero...es un caos. Pocilga y media. Una leonera. 
En el momento en el que vi volar una cuchara de espinacas directa a la pared de la que colgaban unos cuadros maravillosos (porque Carol es diseñadora y tiene un gustazo la tía, que no veas) me di cuenta de lo afortunadísima que soy y de lo gilipollas que he sido quejándome más de una vez. 
Bruel ni pío. Yo creo que estaba aterrado.
En tres horas rompieron un móvil, una tablet, el juego del tres en raya, se untaron la cabeza de papilla de espinacas -es real-, destrozaron un libro de cuentos y lloraron cada 5 minutos. 
Salí de ese piso dando gracias al Señor y a todos los ángeles y santos y vírgenes y peña de allí arriba. Aluciné. Y aluciné infinito con el buen humor de Carol que reía por todo y se lo tomaba con una filosofía que ya la hubiese querido pa' él Dalai Lama.  
También es verdad que nos dijeron que no cenan ni una sola noche: se sientan en el sofá, se trincan una botella y media de vino y se comen unas cortezas de lenteja del Veritas. Cada puta noche. 
¿Hola? Y yo me sentía mal porque me bebo una cerveza todos los días. Ja. Soy una floja y una pava.

Se les quiere mucho. A los hijos, digo. Claro. Más que a nada. Pero acabé hasta el último pelo de escuchar las típicas frases de mundo ideal :

Estaréis alucinadas con el bebé ¿no? 
Es lo mejor que le puede pasar a una mujer.
Los niños solo dan alegrías.
Es maravilloso ser madre.
Todo te compensa cuando les ves sonreír.

Y una mierda. Te compensa si has dormido al menos 5 horas y has podido ir a cagar tranquila, sino no, querida. 
Estamos alucinadas y contentas y encantadas con el enano, pero también hemos pasado días de estar un poquito hasta el coño en los que una abuela a mano no hubiese venido nada mal. 

Diego y Carol nos descargaron de tanta floritura y nata con miel y pudimos ver a dos padres REALES, en situaciones REALES, con alegrías y penas, y momentos plenos y momentos de porquería, y situaciones muy divertidas y otras en las que se dicen el uno al otro: ¿en qué hora nos dio por semejante boludés?





domingo, 5 de febrero de 2017

Abre los ojos

Sigo pensando a menudo en sus ojos. Aquellos ojos de abismo, oscuros e insondables. Me he preguntado muchas veces si todos los bebés tendrán esos ojos, esa mirada que no mira a ninguna parte, estática y profunda.
Durante el día se difuminaba en un juego de luces y colores. Sus ojos se tornaban grises, a veces casi azules, luminosos. A medida que caía la tarde se oscurecían, pero por la noche eran negros, tanto que la pupila y el iris se fundían y parecían dos canicas negras en mitad de su cara. Me di cuenta la primera noche en casa, cuando se despertó de madrugada y me la llevé al sofá. Me senté con ella en brazos y nos miramos. Creo que esa fue la primera vez que nos miramos. Ella no lloraba. Yo tampoco. Nos mirábamos, aunque ella no me veía. Yo no sabía que los bebés no veían con nitidez hasta pasadas unas semanas pero me lo dijo mi madre antes de que Anaïs naciera. 
Recuerdo que pensé que daba casi miedo una mirada así. Nunca he vuelto a ver unos ojos tan negros, tan hondos. Infinitos.Y pienso en si será esa la única mirada limpia y verdadera que poseemos. Esa que dura tan poco porque en cuanto empezamos a ver y en cuanto entendemos que otro nos ve, hacemos un esfuerzo titánico por recubrir ese abismo.

lunes, 30 de enero de 2017

Palabras 2016

Embrión - blastocisto - transferencia - negativo - baja - ecografía - ventriculomegalia - Vall d'Hebrón - Asir Granollers - Quirón - Diagnóstico fetal - resonancia - neurosonografía - cardiografía - Barcelona -  miedo - fe - confianza - instituto - yoga - Texas - supervisor - adjunta - encargada.

jueves, 26 de enero de 2017

¿Cómo estás?

Estoy bien.
Vivo. Me río todos los días, incluso los días jodidos. Trabajo en un sitio que me gusta con personas que me gustan. Lo que no me convence son algunas reglas, algunas imposiciones. Y las formas. La ineptitud de los que están por arriba y se creen por encima del resto. Puede que sea la única que se cague en la chapa que pone mi nombre y mi cargo. Ya lo he hecho. Defecto con regularidad. Mi nivel de hemoglobina se mantiene estable. Me duele muy poco la cabeza. Paseo bastante. Mantengo mis articulaciones en funcionamiento y sin avería por ahora. Hago un curso de nutrición en Barcelona, lo cual, me aporta tres cosas: paseos en tren, aprender a comer mejor para vivir mejor, y disfrutar de la ciudad a horas en las no solía pisarla. Estoy a punto de ser madre de nuevo. Un niño con nombre de pájaro que me compartirá con la niña con nombre de escritora. Tengo una familia. Amo. Leo. Escribo. Por este orden. Mantengo un círculo social reducido pero sólido. Miro las luces de los aviones todas las  noches. 
El diagnóstico final es de razonable salud mental y física, pero solo si estamos dispuestos a llegar a un acuerdo, claro. 
En realidad deberíamos decir toda esta mierda cuando nos preguntan ¿Qué tal estás, eh?
Somos muy sosos todos. "Bien". Bien está mi gato porque no se está muriendo y otra cosa no puede decirme y tampoco hace falta que me lo diga porque ya lo veo yo. Nosotros podemos decir más cosas.

lunes, 23 de enero de 2017

Perder un cuerpo el equilibrio

Mi amiga L. ha tomado una decisión: acortar el sufrimiento de su madre. No más morfina, no más vías, no más intoxicación de medicamentos, no más resistencia. Cree que caerá de un modo ligero, puede que en 15 días, no muchos más.
Le da miedo el después. ¿Qué es el después? le pregunto. La culpa.
No conozco un acto de amor semejante. 
Es curiosa la vida. Nunca imaginé que podríamos coincidir en el tiempo, así. Su peor momento frente a mi mejor momento. Una vida por otra. 15 días. Justo. Su madre muere/mi hijo nace.
A pesar de todo, el mundo seguirá impasible, ignorándonos, continuando con sus rutinas establecidas: la gente comprará el pan y hablará del tiempo, los niños entrarán al colegio después de la sirena, el cielo se cubrirá de nubes y se abrirán algunos paraguas, alguien correrá porque llega tarde, un gato cruzará la calle y se esconderá debajo de un coche, sonará un teléfono, se besarán en el portal, bajarán una persiana. Nadie sabrá de su pena. Nadie de mi alegría.